Este fin de semana la F1 estará en Spa-Francorchamps para el Gran Premio Moët&Chandon de Bélgica, la penúltima carrera antes de las obligadas vacaciones de verano.
Es hora de volver a la escuela, metafóricamente hablando, porque el circo se dirige a un circuito que muchos describen como la universidad de la Fórmula 1 debido a la variedad de desafíos técnicos que los pilotos deben superar.
El circuito, con 7.004 kilómetros, es el más largo del calendario y uno de los más apreciados por su historia, ya que forma parte del Campeonato del Mundo desde 1950, y por supuesto también por su exigente trazado caracterizado por largas rectas, curvas de alta velocidad y el mayor desnivel de toda la temporada.
El circuito se ubica en el bosque de las Ardenas, que posee un microclima muy particular en comparación con el resto de la región. En caso de mal tiempo, las nubes cargadas de lluvia tardan más en disiparse, dejando el circuito húmedo y afectando el estado del asfalto.
Cuando llueve, los pilotos suelen encontrarse con tramos secos y otros que permanecen mojados, lo que hace que la elección de neumáticos sea especialmente delicada, entre lisos e intermedios.
Sin ir más lejos, el año pasado el arranque de la carrera dominical (hubo finde con esprint) se demoró 80 minutos por culpa de una intensa lluvia. La salida se realizó finalmente tras el safety car y a partir de la 12ª vuelta ya todos montaron lisos, la mayoría medios C3, con doblete de McLaren bajo la bandera a cuadros Piastri-Norris y Leclerc en el tercer escalón del podio.
Horarios europeos con las Qs el sábado a las 16:00 y el domingo la carrera a 44 vueltas arrancará a las 15:00 supuestamente en seco






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